IGNORAR ES
EMPEZAR A SER FELIZ
ESTOS INCAPACES NO SE INMUTAN ANTE LA POBREZA
Mientras las calles
de nuestras urbes están llenas de mendigos y sabemos que amplios sectores de
las zonas del rural malviven por el abandono a que les tienen sometidas las
autoridades competentes que dilapidan el
dinero del erario pública en su propio beneficio, mientras las tasas de paro en
la industria son alarmantes, y los agricultores ya no pueden seguir soportando
el abandono al que les tienen sometidos, el chantaje, la pillería, las promesas incumplidas
reiteradamente. Y los problemas no terminan ahí, porque las consecuencias del mal gobierno
afecta a todos todos los sectores sociales,
empezando por la clase media productiva que cada día pierde más poder
adquisitivo por las tasas a que les tienen sometidos las diferentes
administraciones que les meten sus manos en los bolsillos y, en algunos casos
en sus ahorros depositados en entidades bancarias al servicio de estos
políticos obviamente mejorables.
LA FORTALEZA-MANSIÓN DE LOS DICTADORES
Aunque la lista de personajes no nacidos para gobernar
ciudades o imperios es interminable, estos mandatarios unidos personalmente en
una misma línea política manifiestamente mejorable, gobiernan en un continente completamente desunido
en una lucha absurdo e indefendible enfrente del hran poderoso del norte. Claro
que no son todos iguales, pero “dime con quién andas y te diré quién eres”. Y como estos comportamientos están encadenados
en un rio revuelto que les permite deshacer a su antojo, son muchos otros los
sectores sociales con escasos ingresos que ni siquiera privándose y malviviendo
pueden llegar a fin de mes. Aun así,
aunque su solidaridad y
sacrificios de las misiones humanitarias es grande, su capacidad de ayuda es insuficiente. Y,
ante la indiferencia e irresponsabilidad de las autoridades (in)competentes que
habrán de responder en el prematuro Nuevo Juicio que ya está a la vista, nos personaremos en la causa como conciencia:
testigos, fiscales y jueces, en defensa de estas víctima inocentes, especialmente de los
incapacitados y los sin techo que ya son una sociedad -dentro de otra- sin domicilio fijo, deambulando de portal en
portal y de parque en parque, malviviendo con las precarias ayudas del
vecindario de su entorno un poco menos pobre que ellos, que les permite la subsistencia en una lenta
agonía hasta que la muerte les conceda el merecido descanso.

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