domingo, 27 de julio de 2014

CHELO-MANDEO.


                                                                         CHELO-MANDEO

                            EL PUENTE SOBRE EL RIO MANDEO EN CHELO

Servidor fue a pescar a un caudaloso río salmonero.  Me acompañaba un ingeniero naval compañero de trabajo. Yo, en un determinado momento subí por un riachuelo que me parecía truchero, que era afluente del cauce principal. Me encontré con el Jefe de una central hidroeléctrica, que bajó a saludarme, y le dije que era la primera vez que pescaba en aquella zona del rio. Cuando le dije el nombre de mi compañero de pesca, se alegró sobremanera, porque  resultó ser el hijo  del dueño de la Central.  Llevé una sorpresa porque no sabía que aquello era propiedad de su padre. Bueno, volví por mis pasos y le conté lo ocurrido a mi compañero y amigo. Estábamos convidados  a comer con él y su hija que trabajaba en La Coruña. A lo largo de la comida nos contó la odisea del puente que cruzaba el rio, y nos contó que allí se presentaron una mañana  4 personas, eran un ingeniero de caminos canales y puertos y tres  topógrafos, estuvieron dos horas  observando y haciendo mediciones. Sobre las 12  de la mañana se fueron a comer a la ciudad, que distaba unos 25 ó 30 kilómetros del lugar,  y volvieron por la tarde. Esto se repetía todos los días, pero luego de dos semanas   se pusieron a clavar unas estacas  en  una determinada  zona el cauce del rio, donde pretendían  construir un puente para que un alto cargo de la nación española pudiera cruzar el rio cuando fuera pescar a aquella  zona de grandes riadas en temporada de invierno.

¿Qué van hace?,  les dijo el gerente de la Central hidroeléctrica, le respondieron  que aquel era el sitio más seguro  para anclar unas columnas en el cauce del río,  que sostendrían el puente. Pero “almas de Dios”, les dijo el lugareño, “no ven que ahí es zona de arenas movedizas y el puente duraría un abrir y  cerrar de ojos. Ellos, que sabían escuchar,  le preguntaron dónde estaba a su parecer el punto seguro. Les llevó unos 50 metros más arriba y les dijo: “yo nací aquí  cerca y conozco el rio cuando inunda toda la zona y cuando queda prácticamente seco. Le parece bien hacerlo aquí, le preguntaron, pues claro que sí, con toda seguridad. Y tiene alguna empresa especializada que lo quiera hacer.  Les dijo que Pepe era un albañil muy inteligente, de palabra ycon mucho prestigio entre sus vecinos.. Cuanto nos costaría la obra dijo el que comandaba al grupo.  Unas 30.000 pesetas les dijo nuestro  anfitrión  Quedará bien, garantizado dijo el Gerente. Se hizo el puente, ya tiene 80 años y está seguro como el primer día. Como no llegaba el dinero para pagar el trabajo, me desplacé a la ciudad para hablar con la delegada del gobierno que era amiga de la familia y me dijo que  tenían un presupuesto inicial de de millón y medio de pesetas, pero el albañil se cansó tanto de esperar por el dinero que se murió sin cobrar. El dinero se había gastado. Ya ven, millón y medio de presupuesto, un ingeniero de caminos canales y puertos, tres topógrafos y, de no ser por la inteligencia del Gerente y el constructor, aquella discutida personalidad política,  que todavía sobrevuela  el hemiciclo en esos poco edificantes rifirrafes de nuestros parlamentarios, el pescador desaparecería irremediablemente a las primeras lanzadas de la cucharilla  arrastrado río abajo  por las enormes riadas que se producen en aquel sorprendente bellísimo  paraje de Chelo, cerca de Betanzos.