LAS SIRENITAS Y ANDERSEN
Tengo que señalar que no
me sorprendería que la sirenita que con
tanta sabiduría, ingenio y creatividad nos ilusionó Hans Cristian Andersen , tuviera esa vena
aventurera que la llevara a conocer mundo, y que en un impulso propio de los grades
conquistadores, abandonara las costas
que bañan la península de Jutlandia para viajar
hasta el acogedor pueblo de San
Cibrao, localizado en el litoral Cantábrico de la Mariña Lucense (España). para establecerse en esta bendita
tierra de grandes pescadores.
Y es que estamos hablando nada menos que de la sirenita que aquel fabuloso personaje danés de la literatura, creador de maravillosos sueños, nos contó en cierta ocasión que en el fondo más azul de los océanos en el que
habia un lujoso palacio, vivia el Rey
del mar , un viejo y sabio tritón de
abundante barba blanca, y que junto a él, en esta espléndida mansión de
coral multicolor y cocnchas preciosas,
vivian sus hijas, cinco bellísimas
sirenas.
La Sirenita más joven, además
de la más bella de todas, poseía una voz extraordinaria que,
curiosamente, era otra de las
cualidades más destacadas de la dama de Os Farallons, que no pasó desapercibida
por los pescadores que a la salida del puerto y al regreso de sus faenas de
pesca, pasaban con sus embarcaciones por
las inmediaciones del islote Sombriza, santuario de la bella dama de estos mares. Dice Andersen que su joven sirenita se
acompañaba del arpa, y los peces acudían de todas partes para escucharla al
tiempo que bailaban entre las algas de colores. y nos cuenta que las conchas se
abrían mostrando sus perlas, y que
las medusas al escucharla dejaban de flotar. Ella pasaba gran parte del día cantando en su
islote dorado y gustaba de dirigía la
vista buscando la débil luz del sol del atardecer que a duras penas se filtraba a través de las
hermosas nubes pintadas de rojo carmín.