miércoles, 14 de agosto de 2013

Holocausto: Políticos endemoniados.


                                                    HOLOCAUSTO


                                         POLÍTICOS ENDEMONIADOS

Si algunos pueblos fueron víctimas inocentes de gobernantes opresores, intolerantes y endemoniadas, la fatalidad quiso que el pueblo judío sufriera en su dignidad y en sus propias carnes  una de las mayores injusticias jamás conocida. La manipulación de los hechos y de las palabras con motivo de los hechos de la S.T., fue creando un caldo de cultivo que derivó torpe y ruelmente contra esta raza  monoteísta unida en sus creencias, respetuosa y laboriosa, opuesta a otras  teorías “de libro”, de otra forma de exégesis religiosa que en aquel entonces estaba aceptada y extendido por medio mundo, y que de una acción puramente especulativa pasó a otra criminal que se permitió algún dictador  quedarse con todas sus propiedades y exterminarles cruelmente sin darles siquiera la oportunidad de defenderse ni ante el mundo ni ante los tribunales de justicia.                                                          

Actos como este, incalificables e incuantificables por la oscuridad que les rodea,  se producen actualmente en muchas partes del mundo donde el poder está en manos de malvados estúpidos e incultos, capaces de cometer todas las barbaridades habidas y por haber. Y si la relación de casos como este o parecidos, es interminable, el pueblo judío, especialmente los judíos errantes condenados en aquel tiempo del nazareno,  por actitudes verbales  poco o nada acertadas,  también en otros lugares fueron descaradamente expoliados, expulsados o salvajemente exterminados.

Y, después de  aquellas cuestionadas malas praxis, también  fueron víctimas de un menosprecio permanente desproporcionado e injusto. Aislados en sus asentamientos lejos de su tierra natal y del resto de la sociedad, fueron  perseguidos y expulsados sin explicación alguna por  inquisidores  serviles a otras creencias que, además,  tienen el mismo denominador común, pero con objetivos concretos ajenos a las ideas y a las creencias. Y, utilizando la fórmula cortina de humo para ocultar sus propias incapacidades para el desempeño de funciones de cierta relevancia, también en ocasiones  recurriendo a la persecución de estos colectivos inocentes ante Dios.  Y resulta  una contradicción que con los avances tecnológicos y sociales vividos en estos últimos siglos, sigamos todavía soportando a estos   peligrosos  sujetos que  llegan al poder manipulándolo todo  con el único objetivo de  amasar grandes fortunas. Lo peor de todo esto es que mientras continúen estas prácticas obscenas habituales en la vida diaria, las cosas no pueden funcionar como es de desear,  porque al instrumentalizar la vida social,  sustituyendo  los hechos con la perversión del lenguaje, utilizando eufemismos que a priori  pueden convencer a una minoría de buena fe,   pero que a corto plazo, como las palabras nucleares de los hechos son sustituidas con vocablos vacios de  contenido semántico ajustado a cada caso,  el malestar general  no se hace esperar y la solución está en el pueblo llano.

 

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