lunes, 29 de julio de 2013

EL REGRESO DEL HIJO DE DIOS


                                          EL REGRESO DEL HIJO DE DIOS

                       CRUCIFICADO JESÚS, SATANÁS OCUPO LA TIERRA
Ante esta  situación  desagradable e inaceptable que estamos atravesando la sociedad,  que nos aconseja pensar que nos está arrastrando al final de esta Era caracterizada por la de los malvados del poder  que utilizando la ley de la fuerza, sometieron a su capricho e incompetencia manifiesta condenaron cruel y deliberadamente a la miseria a la gran mayor parte de los administrados. Estos desalmados caprichosos y soberbios,  incapaces  de administrar sabiamente ciudades o imperios se ocuparon de almacenar grandes fortunas mientras los más pobres se morían de hambre y enfermedad.  La inmensa mayoría de los pueblos del Mundo sabemos que la subida de Jesucristo al Cielo,  brutalmente crucificado por no saber lo que hacíamos, le  sirvió a  Satanás para tomar el mando y ocupar el corazón de los hombres de bien,  encegueciendo su entendimiento a fin de que no vean resplandecer la obra del Señor,  para  utilizarles vilmente en su perversa cruzada terrenal de destruir a todos los cuerpos y seres creados  por Dios.                                                                 
 Tendremos que recuperar el corazón de  las personas manipuladas  por la fuerza y el engaño manifiesto de Satanás, con todos los poderes del mal en su alocada obsesión por sembrar la semilla del mal entre los hombres de buena voluntad. Aquellas otras personas que encontraron el placer  haciendo un  inmenso daño a la sociedad,  les será concedido un período de reflexión y arrepentimiento, sin el cual no podremos evitar el terrible sufrimiento devorados por las lenguas de fuego del  infierno, padeciendo   eternamente el severo castigo de su malvada condición,  aprovechando los poderos sobrenaturales  inoculadas por las criminales ideas que caracterizan a Satanás,  así como las perniciosas habilidades que le fueron concedidas que adoptó como propias al abandonar el Cielo.  El regreso del Señor, que ya podría encontrarse entre nosotros tendrá necesariamente que poner fin a tantos  desgracias, sufrimientos y abusos a las que los habitantes del mundo  estamos sometidos por la opresión, la mentira, la deslealtad, el  latrocinio y la  impunidad desvergonzada de la que se dotaron las clases políticas que ocupan las instituciones del Estado
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 

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